Las principales ideas-fuerza del pensamiento freiriano que nos sirvieron desde los comienzos para orientar nuestras prácticas fueron:
La crítica radical a la concepción bancaria de la educación: en la que el educador es siempre quien educa y el educando el educado; en la que el educador es quien disciplina y el educando el disciplinado; en la que el educador es quien habla y el educando el que escucha; en la que el educador es siempre el que sabe y el educando el que no sabe; en la que el educador es el sujeto del proceso y el educando su objeto.
La educación entendida, en cambio, como instrumento de liberación de los pueblos y, en especial, de sus sectores más empobrecidos y oprimidos. Una educación que permita reflexionar sobre las coordenadas históricas que nos ha tocado vivir, viéndonos no ya como espectadores de la Historia, sino como actores y autores de ella. En consecuencia, una educación para perder el miedo a la libertad, para ganara independencia, pero, al mismo tiempo, solidaridad.
La participación como clave fundamental de la educación, de manera que todos educamos y somos educados en un proceso de diálogo, reflexión y acción en el que las personas somos protagonistas del cambio social. Los hombres se educan entre sí, mediatizados por el mundo. Frente a una educación “monologal” concebida para la “domesticación” FREIRE propone una educación “dialogal” liberada de sus rasgos alienantes, concebida como fuerza posibilitadora del cambio y de la libertad en la que el hombre deja de ser objeto para convertirse en hombre-sujeto.
La apropiación y creación de la cultura, interpretada como “cultivo” y transformación del mundo para construir una sociedad desde valores de solidaridad, igualdad, y justicia social. La educación verdadera es praxis, reflexión y acción de los seres humanos sobre el mundo para transformarlo.
El desarrollo de las capacidades expresivas y creativas de los sujetos, recuperando la palabra (y por extensión, la imagen) para encarnar la realidad y la experiencia de quien la pronuncia y/o elabora. En palabras de FREIRE “No puede haber palabra verdadera que no sea un conjunto solidario de dos dimensiones indicotomizables, reflexión y acción. En este sentido, decir la palabra es transformar la realidad. Y es por ello también por lo que el decir la palabra no es privilegio de algunos, sino derecho fundamental y básico de todos los hombres” (La educación como práctica de la libertad. Ed. Siglo XXI, 1969).
La concienciación a partir del diálogo interpersonal, entendida como un cambio de mentalidad para comprender la ubicación de uno en la Naturaleza y en la sociedad bajo condiciones concretas de orden social, económico y político; entendida como la capacidad de analizar críticamente causas y consecuencias, comparando situaciones y posibilidades y desarrollando una acción eficaz para transformar la vida.